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8 de julio de 2026

Acompañamiento de fin de vida: gestos de humanidad que marcan la diferencia

Un kit especialmente diseñado para contención emocional, señaléticas que orientan al equipo sobre el delicado estado de salud de un paciente, y el uso de una manta color lila para cubrir la camilla de las personas fallecidas durante su traslado, son parte de la estrategia del Hospital de Coquimbo que busca brindar una atención más humana en estos difíciles momentos.

Recibir un diagnóstico irreversible o estar junto a un ser querido en sus últimos días es una de las experiencias más complejas que puede enfrentar un ser humano. Son momentos en que el tiempo parece detenerse y en los que la empatía y los pequeños gestos adquieren un valor inmenso. Porque, aunque no siempre sea posible cambiar el desenlace, si se puede transformar la forma en que se vive ese camino.

Justamente con esa convicción, el Hospital San Pablo de Coquimbo ha fortalecido su estrategia de “Acompañamiento de fin de vida”, una iniciativa que busca entregar una atención respetuosa y humanizada a quienes enfrentan estas etapas. Entre las medidas implementadas se encuentra un kit especialmente preparado para pacientes y sus familias, que cuenta con elementos de para que el equipo de salud pueda entregar el apoyo necesario. Además, destaca la incorporación del Código Lila, una señalética discreta que identifica a quienes se encuentran en esta etapa, y que considera el uso de una manta de este color para el traslado de personas fallecidas, como una forma de resguardar la dignidad y expresar respeto hacia sus seres queridos.

“Nos dimos cuenta que algo tan simple como un espacio de intimidad, un té o la presencia de alguien dispuesto a escuchar puede transformar profundamente la experiencia. Fue así como nació la idea de preparar cajitas de contención emocional que contienen vasos, infusiones, caramelos, pañuelitos desechables y una guía de que busca ser una herramienta para que los funcionarios puedan ofrecer ayuda a quien lo requiera”, explica Daniela Silva, enfermera referente de Humanización en el Hospital de Coquimbo.

Iris Saavedra es trabajadora social en el Hospital de Coquimbo y con frecuencia debe acompañar a pacientes y familias que enfrentan diagnósticos bastante complejos, enfermedades avanzadas o incluso el fallecimiento de un ser querido. Desde su experiencia, destaca que contar con este equipo le ha permitido entregar una atención más organizada y respetuosa, ofreciendo apoyo no solo desde su rol, sino también desde lo humano.

«Siempre muchas de estas acciones dependen de la experiencia en contención de duelo con acciones como escucharlos, tomar sus manos y ofrecerles agua, pero no siempre teníamos todo cerca. Ahora al tener este kit el cambio significativo es que no improvisamos, estamos preparados para brindar este tipo de apoyo. Sabemos dónde está, qué tiene y qué podemos ofrecer, porque no todos van a necesitar lo mismo. Por eso, siempre conversamos antes como equipo qué hacer en estas situaciones y qué rol va a asumir cada uno. Eso entrega tranquilidad tanto a las familias como a quienes estamos con ellos en estos momentos», señala.

Todos estos gestos, aunque pueden parecer sencillos, generan una gran diferencia en la experiencia de los pacientes y sus familiares, pero el impacto también ha sido significativo para los funcionarios. Karina Contreras es enfermera jefe de Neurocirugía y Neurología, un servicio que atiende con frecuencia a pacientes graves cuyas complicaciones llevan muchas veces a un fin de vida. Como servicio, habían levantado la necesidad de capacitarse en el área, por lo que contar con protocolos para estas situaciones les ha permitido enfrentar con mayor seguridad el proceso.

“Esta es una instancia en la que no quieres que se te vaya ningún detalle, quieres contar con las cosas sin tener que interrumpir el relato para ir a buscar algo o llamar a alguien, entonces es un recurso que ahora tenemos a la mano y que ha sido muy práctico. Además, la implementación del Código Lila, que es esta señal bien discreta que permite identificar a los pacientes que se encuentran en una etapa de fin de vida, también ha ayudado a que el equipo pueda reforzar las medidas de contención, favorecer una comunicación más empática y coordinar una atención centrada tanto en las necesidades del paciente como en el apoyo a su familia”, comenta Karina.

Humanización incluso después del fallecimiento

 La Unidad de Humanización ya trabaja en nuevas iniciativas para seguir fortaleciendo el acompañamiento durante este proceso. Por eso, a las medidas ya implementadas, como el traslado de las personas fallecidas en una camilla exclusiva cubierta con una manta color lila, esperan sumar una bolsa de género especialmente diseñada para entregar sus pertenencias a las familias. Gestos sencillos, pero que buscan transmitir respeto y cuidado incluso después del fallecimiento.

Sin embargo, el desafío va más allá de incorporar nuevos implementos. El objetivo es que se convierta en parte de la cultura del hospital, para que la estrategia no dependa solo de un recurso material, sino también de la sensibilidad y el compromiso de quienes cuidan.