De noche y en días feriados: conoce el resonador que nunca se apaga en el Hospital de Coquimbo
En el marco del Día Mundial de la Radiología, los equipos explican la importancia de este tipo de exámenes y por qué pueden cambiar el destino de un paciente.
Un accidente cerebrovascular o una lesión de columna no esperan al día lunes. Por eso, en el Hospital de Coquimbo hay un equipo que no descansa: el resonador está disponible las 24 horas del día y los siete días de la semana, para que así sin importar si es de noche, fin de semana o día feriado, los equipos de urgencia cuenten con información clave sin esperar al día hábil siguiente.
Pero, ¿qué hace un resonador? Este equipo permite a los especialistas obtener imágenes en 2 y 3 dimensiones a través de un potente campo electromagnético, entregando una visión detallada de la estructura y la composición de diversos tejidos. En términos simples, ofrece una mirada al interior de todo el organismo sin necesidad de abrir al paciente, ayudando a entender por qué se siente mal y así decidir cómo tratarlo.
«Es un poco como resolver un misterio: las imágenes muestran cosas que desde afuera no podemos ver. La radiografía es una de las herramientas que utilizamos para hacerlo, pero también trabajamos con ecografías, tomografías computarizadas, resonancias magnéticas y mamografías, y podemos evaluar desde una fractura hasta un accidente cerebrovascular o un cáncer, interpretando esas imágenes junto con los antecedentes del paciente para orientar las decisiones médicas», resume el Dr. Ivanko Grlica, médico radiólogo y jefe de la Unidad de Imagenología del Hospital de Coquimbo.
Mucho de este trabajo es silencioso y ocurre lejos de la vista del paciente. Los tecnólogos médicos obtienen las imágenes, el radiólogo las revisa y cruza con los síntomas y estudios previos del paciente, para luego elaborar el informe. De forma paralela, las enfermeras, TENS, auxiliares y administrativos coordinan, preparan y acompañan cada atención. “Detrás de cada equipo imagenológico hay un grupo de trabajo preocupado por brindar un estudio acorde a sus necesidades, calculando parámetros físicos y fisiológicos en tiempo real, en todas las modalidades de imágenes. No solo tomamos una foto, estamos modificando tiempos y parámetros adaptados a la anatomía específica de cada paciente. Todo esto requiere una concentración y una técnica absoluta para garantizar un diagnóstico preciso, mientras velamos por su seguridad”, señala.
Del escáner a la resonancia: la carrera contra el tiempo frente a una urgencia

Cuando se enfrentan casos en los que está en riesgo la vida, elegir el examen que responda mejor y más rápido es crucial. Diariamente, en el Hospital de Coquimbo se gestiona un alto volumen de prestaciones que oscila entre las 350 y 500. Entre ellas, están la radiografía y la ecografía, que resuelven muchas consultas del día a día, desde una fractura hasta una evaluación de la vesícula, pero cuando algo es más grave, entran en juego dos exámenes de mayor complejidad que suelen confundirse, aunque funcionan de manera muy distinta.
El escáner, o tomografía computada, usa rayos X para obtener imágenes en cortes, “como si pudiéramos revisar el cuerpo por capas”, explica el Dr. Ivanko Grlica. Su gran ventaja es la velocidad, ya que entrega mucha información en poco tiempo, por lo que es clave ante traumatismos, hemorragias y enfermedades del tórax o del abdomen. La resonancia en cambio, trabaja con un campo magnético y ondas de radio, sin radiación ionizante, y distingue con gran detalle tejidos como el cerebro, la médula espinal, las articulaciones o un tumor. Es justamente esa precisión la que está disponible en el Hospital de Coquimbo.
“En un posible accidente cerebrovascular el escáner suele ser el estudio inicial por su rapidez, y la resonancia puede aportar información adicional. En una lesión de columna, en cambio, permite evaluar con detalle la médula, los ligamentos o una posible compresión de las estructuras nerviosas. La elección se hace según cada caso y la urgencia del tratamiento, aunque mantener esta disponibilidad requiere mucho más que un equipo instalado: necesita profesionales capacitados y coordinación permanente entre Imagenología, Urgencia y las demás unidades. Este esfuerzo tiene un impacto directo en la atención, ya que actuar a tiempo puede ser determinante para evitar que el daño avance y reducir las secuelas”, añade el jefe de la Unidad de Imagenología.

Si bien el resonador destaca por su excepcional resolución de contraste anatómico, su gran limitante es el temor que provoca en los pacientes debido al poco espacio donde se realiza, la duración que tiene y el ruido que genera. Sin embargo, Fabiola Morales comenta que los equipos se preocupan mucho de la contención emocional en estos casos.
“Siempre les explicamos en qué consiste el examen y los diferentes ruidos que van a escuchar, además de mantenernos comunicados a través de un micrófono y un interruptor para que puedan avisarnos si necesitan algo. En el caso de los usuarios con indicaciones de claustrofobia, nuestro personal administrativo los contacta previamente para que puedan llegar un poco antes al examen y así evitar procedimientos con anestesia. Al dedicarles unos minutos extra y acompañarlos de cerca, logran terminar el estudio y salen dándose cuenta de que el apoyo humano del equipo fue clave para superar su temor. Esto ha beneficiado no solo a pacientes adultos, sino que también a niños, en los cuales su red de apoyo también es fundamental”, complementa.
De esta forma, mientras gran parte de la región duerme, en el Hospital de Coquimbo el resonador sigue encendido y entregando respuestas cuando cada minuto cuenta, haciendo posible que una imagen obtenida de madrugada se transforme en una decisión oportuna. Por eso, este 8 de noviembre, fecha en la que se conmemora el Día Mundial de la Radiología, es una oportunidad para reconocer a quienes, aunque muchas veces el paciente no ve, están detrás de cada examen, de cada diagnóstico y cada tratamiento que comienza a tiempo.









